lunes, marzo 05, 2012

De panzazo


Por Diego Ruvalcaba*

Antes de cualquier cosa y para curarme en salud, confieso no tener una perspectiva histórica amplia sobre el documental mexicano, así que se me dificulta enormemente realizar una analogía de “De panzazo” con cualquier otra cosa. Mi primer acercamiento hacia este género fue hace ya varios años con la hermosísima "Del olvido al no me acuerdo”, documento fílmico que pretendió realizar Juan Carlos Rulfo sobre su padre y que en realidad acabó siendo un  descubrimiento sobre el lugar que el gran literato mexicano habitó y que resultó tan mágico como Comala y los que ahora son sus habitantes (en el umbral de la vida y de la muerte). Después, también con Rulfo, pude conmoverme con, a mi parecer, una de las 10 mejores producciones cinematográficas en la historia de México: “En el hoyo". Y bueno, ¿quien no ha visto “Presunto culpable”?

El nuevo documental de Rulfo, narrado y escrito por el periodista Carlos Loret de Mola, “De panzazo”, expone una imagen completa y veraz sobre el panorama actual de la educación mexicana. Sobre la cinematografía de Rulfo, no hay nada que opinar. Simplemente es impecable, y sin duda, los tiempos de fama y aprecio mundial por Juan Carlos Rulfo, estarán por venir. México da cineastas al mundo, y Rulfo es uno de los cineastas jóvenes que algún día acapararán todos los reflectores del planeta.

El problema con el documental, es que pertenece al género de los que descubre el hilo negro y el agua tibia, pues efectivamente, cualquier mexicano de mi generación (y menor) identificarán inmediatamente en la pantalla, todos los problemas ahí expuestos. Me parece también que existe un marcado contraste entre la idea periodística de Loret con el arte de Rulfo, por ejemplo, en la secuencia, donde Carlos Loret se planta en la SEP para preguntar cuántos maestros hay en México, es, además de previsible, larga; todo un cliché que Michael Moore ha explotado hasta la saciedad (El hombre solitario contra el poder de las instituciones, que por lo regular es contenido por un policía en la recepción). Y las grafiquitas que se presentan en todo el documental, recuerdan mucho el estilo de la “verdad no conveniente” del exvicepresidente de los Estados Unidos y nobel de la paz (como si ambas cosas al mismo tiempo fueran posibles), Al Gore.

Un mensaje final digno de cualquier spot de valores de Televisa, sin proponer medidas estructurales -aunque era evidente que el documental no quería ir "más allá"-: “Amiguito, no dejes de ir a la escuela; papás escuchen 10 minutos diarios a sus hijos, para cambiar al mundo hay que cambiar a uno mismo, etc.”, todo enmarcado por una canción horrible de Fernando Rivera Calderón a dueto con Carla Morrison (y que conste que me gusta mucho la Morrison) y otro mensaje final aún más confuso sobre una boleta roja y otra verde que nunca entendí, y que más bien pareció ser el producto de una "iniciativa social" más de Televisa (Bécalos, Redondeo, Gol con causa, Iniciativa México, América homenajea a Chespirito …). Reconozco que a veces, es bien difícil quitarse los prejuicios. Cuando vi el nombre de Carlos Loret en el cartel de “Miss Bala”, me condicionó negativamente y esa película me pareció una verdadera basura. Si Loret no confía en Elba Esther, yo no confío en ninguno de los dos. Un acierto fue entrevistar a Denisse Dresser para el documental, aunque, ni se le aprovechó del todo, ni tampoco fueron consultados otros expertos en educación de este país (hubiera sido muy interesante registrar las opiniones de Ricardo Raphael, por ejemplo).

Maestros faltistas, educación pública y privada de baja calidad, instalaciones en ruina, corrupción, cacicazgos perpetuos, malos manejos, malos maestros, bullying y un largo etcétera que se proyectan –y repito- a cualquiera que se haya parado en un aula mexicana, no debería sorprender. Tal vez el documental pueda escandalizar a un estudiante finlandés, o a la mismísima clase política mexicana, quienes, no me sorprendería, que pudieran encontrar revelaciones importantes en el documental. A mi no me escandalizó, pero si me deprimió. Sin embargo, y después de todo, siempre será encomiable que de cualquier forma, y viniendo de quien sea, así sea de un periodista “del sistema”, se retrate con crudeza y veracidad los problemas de este país. Eso en si mismo ya es avance.

De panzazo.
Duración: 1 hora con 17 minutos
Director: Juan Carlos Rulfo. México, 2012
No ha ganado premios.
Calificación:  

*A Diego Ruvalcaba tan sólo le gusta el cine.

jueves, febrero 23, 2012

El artista


Por Diego Ruvalcaba*

Mi mamá, -quien por cierto me acompañó a ver “El artista”- dice que su época favorita son los fabulosos veinte. Y no es casual que sea añorada también por muchos más, pues parece una droga que posee altas dosis de Art decó, elegancia, algo de ingenuidad, opulencia, prosperidad y…baile, mucho baile. Ante unos ojos poco avezados, “El artista” pudiera representar una historia demasiado sencilla (aunque efectiva y entretenida). Lo es. Sin embargo, a mi entender, esta película tiene tres valías fundamentales.

La primera radica en que una coproducción franco-belga, captó a la perfección la esencia de un mundo que nunca le perteneció: El mundo de Hollywood. En este sentido, es una recreación impecable de parte de la vida norteamericana de los años veinte, y del cine gringo de la edad de oro. Si pusiéramos a una persona mayor de sesenta años, a ver “El artista”, sin que supiera en absoluto de su existencia, apuesto sin dudar que pensaría que se trata de una película de 1930.

La segunda valía es en si misma el arte de la película. Pensada para ser proyectada en el viejo formato, más pequeño, alejado de las grandes pantallas modernas, donde se le da paso a la fuerza que pueden proyectar los actores (y no a los escenarios y ya no digamos a los efectos especiales). Pronostico también sin temor a equivocarme, que “El Artista” será visto por la industria gringa como un homenaje (y no como la cachetada con guante blanco que en realidad es), y arrasará con los premios Oscar. La dirección, la música, la dirección de arte, edición, cinematografía, fotografía, vestuario, las actuaciones principales de Berenice Bejo (de origen argentino y esposa del director Hazanavicius), de Jean Dujardin y hasta del perro, son, por decir lo menos, perfectas.

Con la pena que puede causar a los entusiastas de la nominación de Demián Bichir al Oscar, el mexicano no tiene nada que hacer frente al gran George Valentin, interpretado por el francés Dujardin (¿dónde diablos estaba metido ese actorazo?), quien en tan sólo sus primeros 5 minutos de aparición en la película, demuestra que por mucho, dio la mejor actuación masculina del año en la cinematografía mundial. Virtualmente, no hay algun estado de ánimo por la que no nos lleve Dujardin a lo largo de la película y de antología es la secuencia final, en donde aparecen Peppy Miller y Valentin. Para tal escena tuvieron que ensayar 5 meses.

Y por último, pero no menos importante, “El artista” es una aportación al arte moderno porque demuestra que sin una sola gota de sangre, sin violencia, sin 3D, sin historias estrafalarias y efectos especiales, surround y demás parafernalia que domina tristemente el cine actual, una película muda, y en blanco y negro, puede entretener dignamente a cualquier persona del planeta.

Mientras los gringos piensan en aliens, sangre ó dinosaurios, suburbios y muerte (como en “El árbol de la vida”), los franceses y belgas piensan en la edad de oro del cine gringo. Eso es igual de increíble y extraño, que hermoso y refrescante.

The artist (en español: El artista).
Duración: 1 hora con 40 minutos
Director: Michel Hazanavicius. Francia, 2011.
Ganadora en Australia, Cannes, Globos de Oro, Goya, BAFTAs, European film award, Londres, San Sebastián, Vancouver y varios más. 
Calificación:  

*A Diego Ruvalcaba tan sólo le gusta el cine.

jueves, febrero 02, 2012

Una vida mejor


Por Diego Ruvalcaba*

Contaba Demián Bichir que se encontró en California a Tom Hanks comiendo tacos y le preguntó si ya había visto “Una vida mejor” (A better life). El presidente de los Oscares, ni lo volteó a ver, y le contestó con un lacónico “No”. Acto seguido, Bichir, insistió. Le pidió que por favor la viera, que ya se la habían enviado a su casa y que tal como el ayudó en los noventa a cambiar la percepción de una comunidad (la infectada por VIH) mediante “Philadelphia”, esta película también ayudaría a cambiar la percepción de “quien te sirve los tacos”, le asestó Bichir a Hanks. Seguramente, en ese momento, el actor mexicano, nunca sospechó que tal acto de congruencia profesional (aunado con un poco de lobbying) le brindaría una nominación al Oscar como mejor actor.

Aunque con el estilo clásico del cine de Hollywood (muchos diálogos, una escena de acción y suspenso, la afición inverosímil del niño Galindo por las Chivas USA –como si alguien le pudiera ir a ese equipo-, una persecución, peleas, y un final clichésco), la película cuenta con una aceptable fotografía que muestra el verdadero Los Angeles, alejado de las postales turísticas; se trata de Los Angeles que se ve cuando uno sale del aeropuerto y atraviesa Inglewood. Buen logro también, que retrata perfectamente algunos aspectos de la vida del migrante en Estados Unidos, aspectos, que por cierto, cualquier mexicano con un mínimo de sensibilidad, conoce. En ese sentido, la película poco podrá aportar al espectador mexicano, quien prácticamente en cada uno de ellos posee un familiar migrante, que le cuenta las vicisitudes que sufre en aquel país, por lo que no es sorpresa el descubrir, lo mal que la pueden pasar lejos de aquí.

Difícilmente se puede pensar en otro actor que pudiera interpretar el papel del Sr. Carlos Galindo, migrante, padre soltero de un adolescente que está en su etapa de chingar al mundo. Y aunque el papel no se presta para florituras actorales, Bichir confirma que es un actor confiable, que siempre realizará el trabajo que se le asigne de manera correcta. De destacar también es la actuación del joven  Jose Julián, quien con su extraordinaria y sorpresiva naturalidad, también pudo ser merecedor de algún tipo de nominación. El último diálogo entre ellos, es, sencillamente, conmovedor y estrujante.

Dice George Friedman en su libro “The next 100 years” que los Estados Unidos son un pueblo bárbaro, ya que por su ignorancia manifiesta, desconoce a profundidad el mundo que se ha propuesto, y en buena medida ha logrado, conquistar. Y por ese desconocimiento, se encarga de implantar su punto de vista, creencias, valores y por supuesto, sus patrones estéticos, culturales y sociales. Y en esta idea, se incluye, por supuesto, el séptimo arte. Basta ver las películas que se exhiben en cualquier parte del mundo, y en su mayoría vendrán de la industria de Hollywood, penetración, basada, evidentemente, en el poder y en el dinero, pero alejado de lo verdaderamente artístico.
Salvo honrosas excepciones, la propaganda “artística” de un pueblo bárbaro, joven, que lleva apenas un poco más de 150 años creando su cultura, dista mucho de ser un modelo de calidad. Los Oscares, son los premios cinematográficos más famosos, pero, la fama nunca será sinónimo de calidad. Y muy posiblemente las películas nominadas al Oscar, sean el grupo de películas que menos posean cualidades artísticas en el mundo. Y muy seguramente también, existieron mejores actuaciones masculinas el año pasado (me salta al recuerdo, la de Bruno Odar, en la peruana “Octubre”, por ejemplo).

Sin embargo “Una vida mejor” será muy valiosa, pues le recordará a los gringos, en unos días, directamente en la "Mecca" de su cine, que hay un mundo allá afuera, que no conocen o no quieren conocer, un mundo valioso,extraño, maravilloso, surrealista. Le dirá aunque sea un poquito, y por un momento, que hay mejores actores que Brad Pitt o George Clooney, mejores historias que contar que las de superhéroes, guerras, familias disfuncionales de los suburbios ó civilizaciones que hay que salvar. Y les hará ver que esas historias interesantes se desenvuelven, en sus propias narices, justo en el momento en que les sirven sus tacos.

A better life (en español: Una vida mejor).
Duración: 1 hora con 38 minutos
Director: Chris Weltz. Estados Unidos, 2011.
Ganadora en Phoenix, la National board of review de los EEUU y los Alma Awards.
Calificación:  

*A Diego Ruvalcaba tan sólo le gusta el cine.

sábado, enero 28, 2012

La abducción.

Era un día como cualquier otro, estaba yo en casa perdiendo el tiempo en el Facebook, viendo quien amaba más a su "emosha pexoxa", quien decía buenos días, quien se burlaba más de Peña Nieto, quien cometía más faltas de ortografía, quien comía qué, quien subía más videos de Espinosa Paz y quien se quejaba más del "pinche frío", cuando escuché un ruido tenebroso y sobrecogedor, volteé y de la silla que está junto a mi escritorio, emergió una garra macabra y poderosa.


Inmediatamente, el miedo se apoderó de todo mi ser. Un frío estremecedor recorrió mi cuerpo, pero contuve mi incipiente grito de desesperación y me pregunté quien podía ser el dueño de aquella aterradora pezuña. ¿Acaso un jabalí salvaje?, ¿ET?, ¿Alien?, ¿Una rata gigante de Nueva York?...¿¡El chupacabras!?


Centímetro a centímetro que se develaba ante mi su figura, aunque me era familiar, me desconcertaba y aún me parecía muy amenazante. Por mi mente pasó el sonido de los "encuentros cercanos del tercer tipo": Tú tu tü tuuunnnn. También recordé a Resortes, (resortín de la resortera), cuando fue abducido por extraterrestres que lo convirtieron en el "futbolista fenómeno". Inmediatamente me visualicé alineando con el Cruz Azul el sábado en Cancún y metiéndole 3 goles al Moi Muñoz. Una oreja suya se dirigía hacia donde yo estaba, y la otra hacia su flanco izquierdo, lo que me hizo sospechar que pudiera haber más seres de este tipo a su alrededor (me los imaginé como "Gremlins")


Súbitamente, aquel ser decidió mostrarme su mirada. ¡Sus ojos oblicuos y ovoidales me confirmaron su cáracter extraterrestre!. Me miró con un dejo de desprecio. Su faz era oscura y contaba con una pequeña nariz. Al ver su lenguaje corporal, con orejas y mirada amenazantes, temí que me pudiera atacar...


Su profunda y luminosa mirada azul celeste me hipnotizó al instante. Sentí como sus ondas cerebrales gobernaban mi mente, mi pensamiento, y con ello, mis acciones. El extraño y pequeño ser se había apoderado de mi en cuestión de escasos segundos.


Sabedor de su acción controladora, el extraño y pequeño ser aligeró su expresión y me ordenó que lo viera muy bien, que tenía un mensaje especial (y espacial) para mi. Entré en un estado de relajación absoluta y el ser, confiado, me ordenó: ¡Acércate a mi, quiero que me observes de cerca!.


Obedecí...

Y entonces, sus ondas cerebrales transportaron hasta mi cerebro, una voz profunda y misteriosa, pero suficientemente clara que dijo: -"Soy un ser del espacio, vengo en son de paz. Soy lo que ustedes conocen como un "investigador". Ya que eres un terrícola ordinario, me fuiste asignado, para estudiar tus hábitos y comportamientos y yo mandaré la información hacia mi planeta, por las noches a través de mis antenas. Ahora, olvidarás automáticamente lo que te acabo de decir. En lo sucesivo creerás que mis antenas son "bigotes" y que yo soy tu linda, cariñosa, juguetona y adorable gatita Kitty (por cierto, que nombre tan ridículo y ordinario me pusiste. Sólo un ser ordinario como tú podía llamarle a su "mascota" de forma tan ordinaria. En fin...)"


Desde entonces, Kitty y yo somos inseparables y cada día que pasa la quiero más. Me gustan sus largos bigotes. Por la noche duerme conmigo, no se me despega y es muy calientita.

FIN.


Dirección........ Diego Ruvalcaba 
Guión.............. Diego Ruvalcaba 
Fotografía....... Diego Ruvalcaba 
Edición......Diego Ruvalcaba      
Producción......Diego Ruvalcaba 
Ser del espacio...La Negrita (alias Kitty)

miércoles, enero 25, 2012

“Cuatro estaciones”


Por Diego Ruvalcaba*

Dentro y fuera del cine, los italianos, son los terrícolas con más frescura y naturalidad. “Cuatro estaciones” es tan sólo un botón de muestra de tal condición; no tiene música ni diálogos, pero tampoco es un documental (aunque le guiña al documental norteamericano “Sweetgrass”), y como “actores” tiene a algunos habitantes de dos pequeños y pobres, pero pintorescos pueblos de las colinas sureñas italianas. Tal parece ser, que en esas tierras, hasta los perros y las cabras, tienen una personalidad y carisma magnéticos.

Cualquier apasionado por la fotografía (no sólo la cinematográfica, sino también la “fija”, y hasta la digital), encontrará en “Cuatro estaciones”, un amplio catálogo de técnicas, tomas, encuadres; virtualmente, en cada escena, el director Michelangelo (obvio) Frammartino, da una cátedra sobre las infinitas posibilidades de ver el mundo a través de un cristal.

Pero al mismo tiempo que son inconfundiblemente geniales, los italianos son universales. “Cuatro estaciones” pudiera haberse filmado en Michoacán o en Wisconsin. Vivaldi pudo haber nacido en Barquisimeto o en Jaipur. Y en el pino inmenso que aparece en la película, bien pudieron haberse trepado, sin problemas, los voladores de Papantla.

Le quattro volte (en español: Cuatro estaciones).
Duración: 1 hora con 28 minutos
Director: Michelangelo Frammartino. Italia, 2010.
Ganadora en los festivales de Cannes, Bratislava y San Diego.
Calificación:  

*A Diego Ruvalcaba tan sólo le gusta el cine.
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