miércoles, agosto 28, 2013

Conflicto magisterial: ¿Quién tiene la razón?

TODOS tienen la razón.

Cuando a mi me dice algún necio: “Es que tu siempre crees tener la razón”, le respondo: “Y por supuesto que la tengo”. La razón depende de la capacidad cerebral, de tu historia personal, de tu educación, de tu contexto, de tu raza, de tu nacionalidad, de tu familia y de tus aspiraciones futuras. Nadie tiene la verdad absoluta, todos están mal y todos están bien, todo depende del cristal con que se mira.

¿Quién tiene la razón entonces? Todos.

La CNTE tiene la razón pues desde hace más de veinte años había sido la única disidencia real a la dictadura de Elba Esther. Y ahora que hubo reacomodo en la cúpula magisterial, no fueron invitados para comerse el pastelote que significan los fondos canalizados al sindicato (cuando yo fui maestro de la SEP, me llegaron a quitar hasta el 10% de mi raquítico sueldo a la quincena para el SNTE). La coordinadora no supo negociar su poder de oposición y ahora que los dejaron fuera de la jugada, hacen hasta lo imposible para volver a comerse un pedacito de pastel, porque saben bien que tienen la batalla perdida si quieren seguir siendo opositores. El PRD entendió muy bien eso. O te doblegas voluntariamente y obtienes aunque sea poquito a cambio o te doblegan y no obtienes nada.

¿Si a estos maestros (chingones, huevones o standard, como usted guste), los corren, qué van a hacer? ¿A qué otra cosa se pueden dedicar? ¿Cómo se puede renunciar a una plaza vitalicia o heredada? ¿A quién le gusta ser evaluado a sabiendas que reprobará el examen? ¿No habría más bien que capacitar exhaustivamente antes de evaluar?

No creo que sea tan fácil renunciar a los privilegios que ciertos maestros tienen. Como por ejemplo venir a la Ciudad de México con gastos pagados para protestar, bloquear y seguir cobrando, mientras sus alumnos se van al carajo y se ponen a ver a Galilea Montijo por las mañanas. No dudo que haya maestros huevones e incapacitados en este movimiento, pero también puedo firmar que hay maestros huevones e incapacitados en este mismo momento “dando clase”. Y no sólo en las aulas pobres de Oaxaca, ese tipo de maestros los tenemos hasta en la UNAM. Así que no se le debe achacar la exclusividad demoniaca a los del CNTE. La diferencia entre tú, puto maestro del CECATI que cobras 13 mil pesos y jamás has dado una clase, es que yo te veo diario afuera de mi casa paseando a tus perros, y a ellos los veo en Reforma. Aunque suene trillado, ni todos los maestros que protestan son unos santos, ni todos son huevones, y no dudo que haya ahí verdaderos luchadores sociales. Así es en todo.

Sin embargo, el argumento central de la lucha es incontrovertible: La Reforma Educativa es una mierda. Pues si. ¿O ustedes son capaces de mencionar alguna reforma integral en el país en los últimos 25 años que haya funcionado y le haya traído bien al país? ¿Ustedes confían en los políticos cuando ofrecen una reforma? Yo al menos, no.

¿Tiene razón el gobierno salinista? Claro que si. Reformar, privatizar, liberalizar, es lo que ellos aprendieron en las escuelas gringas a las que asistieron. De eso viven, para eso están en la política. Y al igual que los maestros protestantes, si los políticos no hacen lo que ellos saben hacer, si no pueden implantar su modelo, ¿entonces a que se van a dedicar?

Están aquí para cumplir los preceptos en los que creen: El libre mercado, la globalización, los capitales. Es un modelo que se puso en marcha desde los años ochenta y que fue pausado por la docena trágica de ineptitud panista, y retomada a velocidades cuánticas con el segundo gobierno salinista (De Peña Nieto). Hay que reformar lo laboral, lo educativo, lo energético, hay que hacer pactos para que nadie se interponga entre nosotros. Hay que encarcelar a nuestros obstáculos y excarcelar a nuestros aliados. Hay que sumar y si no se puede, hay que dividir. Es su lógica, SU razón.

¿Tiene razón el alcalde Mancera en no hacer nada? Por supuesto. Su popularidad está por los suelos. No tiene proyecto, no tienen iniciativa, no tiene valor. Y no tiene el limbo legal y logístico que si se tuvo el día de la toma de posesión para poder madrear anarcopunks y curiosos. ¿Si su chamba dependiera de madrear maestros ustedes lo hacían? Yo no. Y pues claro, esa no es bronca de Mancera, bastante broncas tiene ya como para apropiarse esa. Que lo arregle el gobierno federal. Fácil. Basta con cancelar el Pumas vs. América. Es su razón, es su chamba.

¿Tiene razón el Godínez que centró su vida en un automóvil? Ese que sube sus fotos del día que compró su coche al Facebook y que buena parte de su sueldo se va en ese vehículo. Por supuesto que tiene la razón ese Godinez y todos los masoquistas y/o temerarios que se les hinche circular por el periférico cualquier día entre semana a las doce del día. Tienen todo el derecho a usar o no coche, a circular o no, a ser Godínez o no, a circular a la hora que se les plazca. Después de todo, y también trillado, pero cierto, es que “Tus derechos terminan cuando afectas los mios”. Los automovilistas también tienen razón, su razón.

En una fría sesión en el FLACSO, el gran prospectivista venezolano Rafael Popper nos insistió hasta la saciedad que toda estrategia debía de venir acompañada por incentivos para todos los participantes. Hasta los que pierden deberían de ganar algo. Sólo así, una estrategia podrá ser triunfante. Y aquí es donde YO tengo razón. Este tipo de conflictos sólo demuestra el fracaso de la política, el fracaso de todo. Porque los mexicanos somos incapaces de ser empáticos, de ponerse en los pies del otro, de negociar, de ceder, en suma, de hacer política. Porque la política no es lo que los sucios políticos nos han hecho creer. La política es el arte de la negociación, el arte de hacer que las cosas pasen, el arte de solucionar los problemas públicos, el arte de encontrar la mejor solución posible para todos, el arte de que todos ganemos, aunque perdamos.

viernes, mayo 31, 2013

Sensacional de maestros: Epílogo.

Tlacaélel. Universidad.

Tlacaélel era el apodo del maestro de dirección y organización; le apodaban así por su evidente fanatismo a las culturas prehispánicas. Sinceramente no recuerdo que nos hubiera enseñado algo de dirección y organización y ni siquiera recuerdo de sus clases otra cosa de las que voy a narrar, pero curiosamente se ha tratado de uno de los mejores maestros que he tenido en mi vida.

Al principio nos dio a escoger: Clases convencionales o durante todo el semestre armar una empresa para producir algo. Obviamente seleccionamos la segunda. Nos convertimos en una empresa que vendía discos pirata y hacía una que otra rifa para producir un viaje final a Acapulco. El grupo se dividió en cuatro áreas: Mercadotecnia, Producción, Recursos Humanos y Recursos financieros. Yo me encargué de llevar el control de los “empleados” y de hacer una pagina web para la inducción, capacitación y motivación.

Al final juntamos la lana y nos fuimos un fin de semana a Acapulco, en un viaje inolvidable, de poca madre, que en alguna otra ocasión relataré detalladamente. Lo que me interesa rescatar de Tlacaélel son las únicas dos cosas que recuerdo de sus enseñanzas.

Primero, nos contó la historia del concurso de arrojamiento de piedras, donde los habitantes de una isla, luchaban por ver quien podía lanzar una piedra más lejos teniendo de referencia la isla vecina. El campeón la lanzaría muchísimo más lejos que el resto de sus contrincantes. Al preguntarle cuál era su secreto, el monarca diría: “Mientras que todos le apuntan a la isla de enfrente, yo le apunto a la luna”. Eso, obviamente iba para motivarnos a tener los objetivos más altos posibles, pues en el camino podríamos obtener algo más grande que lo trazado convencionalmente. Continuamente recuerdo esta anécdota. Y cada vez que me meto al mar en Playa del Carmen, y de frente veo la isla de Cozumel, invariablemente me acuerdo de Tlacaélel.

La segunda enseñanza tiene aún más jiribilla. Antes del viaje a Acapulco, muchas mujeres del grupo, -la gran mayoría-, literalmente se bajaron del autobús, pues argumentaron que sus padres finalmente no les habían otorgado permiso. Tlacaélel se molestó mucho y les dijo: “Díganles a sus padres que las mujeres son como las fundas de las espadas, si se mueven tantito, la espada por más que quiera no va a entrar en ellas” y remató con algo que me gustaría reproducir casi textualmente:

“Cuando fui a Cuba, me invitaron a una fiesta de quince años. Fueron unos quince años normales, muy parecidos a los que hay acá en México, con una gran excepción. En el discurso del padrino, este acabó diciendo: -¡Y ahora si mija, a gozar de ese cuerpecito que Dios le dio!. Extrañado, ya en el baile, me acerqué al padrino y le pregunté:
-Oiga, ¿escuché bien?, ¿le dijo a su ahijada que goce de su cuerpecito?
-Si, escuchó bien, yo sólo quiero preguntarle algo, ¿Usted qué prefiere?, ¿Qué se cojan a su hija o qué su hija se los coja a ellos?
-Que mi hija se los coja, definitivamente
-Así es hermano, por eso le dije eso a mi ahijada. Tiene que aprender desde esta edad a cogerse a los hombres, a protegerse, a ser responsable con el sexo. En Latinoamérica se cogen a las mujeres, y las mujeres tienen que empezar a aprender a dominar a los hombres a través del sexo”

Finalmente, después de esa inobjetable cátedra sobre el sexo en Latinoamérica, varias chavas cambiaron de opinión y finalmente fueron, aunque según recuerdo faltaron una que otra de las más buenonas. Pero lamentablemente, no me enteré de alguna compañera que se cogiera a algún compañero en el hotel Copacabana, que fue el grandioso e inolvidable lugar donde nos hospedamos por una noche.

jueves, mayo 30, 2013

Sensacional de maestros: Novena parte.

El manzano. Secundaria.

El manzano era un tipo que pesaba fácilmente 150 kgs. No era el clásico gordito bonachón, pero tampoco era un ojete; el manzano era nuestro maestro de taller de “ajuste de banco”. Relativamente joven, peloncito, siempre sudando y con su chamarra azul, tenía chapas permanentes que le daban fuerza a su apodo.

Cuando a mi mamá le dijeron que en ese taller nos enseñaban a utilizar todo tipo de herramientas y que al finalizarlo seríamos capaces de realizar cualquier reparación doméstica, ambos supimos que ese taller era el indicado para solucionar mi permanente inutilidad. Nada más alejado de la realidad, pues hasta la fecha se me dificulta hasta cambiar un foco y jamás me atrevería a reparar algo. Lo que si aprendí en ese taller fue a sentir cierta aversión hacia mis congéneres y a volverme un verdadero “hombrecito”.

Debido a su descomunal peso, al manzano se le imposibilitaba moverse, por lo que prácticamente durante los dos o tres años que duró el taller, tuvimos poquísimas interacciones con el. Lo único que nos enseñó fue a comprar ceguetas (que no a usarlas porque todos rompimos varias veces las nuestras). Nos dejaba hacer desarmadores por meses y se sentaba en su escritorio y seguramente o no veía o no quería ver las barbaridades que hicimos, entre las que puedo contar: Bullying, homofobia, vandalismo (me robaron dos piñatas decembrinas), uso exhaustivo del extintor de fuego, lanzamiento de martillo al patio, secuestro de una chica (la metieron durante una hora en un locker), concurso de espadachines con ceguetas, acoso constante de las mujeres del taller de dibujo, armado de un aparato de choques eléctricos, degustamiento de postres finos, partido de fútbol con martillo, pláticas extensas sobre las diferencias entre el sexo anal y el sexo vaginal, concurso “quien aguanta más manteniendo su pene en el torno mientras otro lo cierra lentamente”, concurso “quien es el más peludo del taller” (concurso que gané orgullosamente) y concurso “quien tiene el pene más largo del taller” (concurso en el que terminé de forma mediocre en la mitad del grupo).

Nunca voy a olvidar la vergüenza que me hizo pasar el manzano. Pidió que hiciéramos una herramienta “creativa” y a mi se me ocurrió rediseñar la navaja suiza pero al final me salió una especie de dildo inofensivo de 2 cms. de grosor y 10 cms. de largo adornado con rayas de tigre. Me puso seis de calificación, jamás había obtenido una calificación tan baja en mi vida hasta ese día.

miércoles, mayo 29, 2013

Sensacional de maestros. Octava parte.

Javier Cámara. Universidad.

Por su gran parecido con el famoso actor español, llamaré Javier Cámara al maestro que más le debo en mi vida y quien curiosamente, es quien más me odia. Antes de volverse un gris burócrata implacable, Javier Cámara era un funcionario universitario que disfrutaba tremendamente su trabajo, el cual se veía reflejado en sus clases. Tomé una clase con el y me invitó a tomar Prospectiva de oyente en Ciencias de la Comunicación. Eso me cambió la vida para siempre y la Prospectiva se convirtió en lo que me ha dado de comer en los últimos 5 años. Javier Cámara fue nombrado director en el gobierno y me invitó a trabajar con el. Si en las aulas me enseñó lo que se debía de hacer, como jefe me enseñó lo que no se debía de hacer. Al mismo tiempo que trabajábamos juntos, nos volvimos amigos, pero mi admiración y respeto hacia el, desaparecían lentamente.

Yo: ¿Por qué no les enseñas a hacer proyecciones en Excel a tus alumnos? Es tan fácil como dar un clic.
Javier: Yo no soy quien para enseñarles a hacer eso, que lo aprendan a ver donde…
Yo: Tu eres su maestro, si no les enseñas tu, nadie lo hará.
J: Me vale madres, los alumnos me valen madres.
Y: Me parece que eres un excelente maestro, no te debería valer madres.
J: ¿Sabes qué?, ¿Sabes cuántos alumnos he tenido como tú en 10 años?
Y: ¿Cuántos?
J: Uno, sólo tu. Eres un garbanzo de a libra. Tu eres el único al que le ha interesado mi clase, a los demás les vale madre. No me voy a gastar en alumnos a los que no les importa mi clase.

Afortunadamente me había ido muy bien en la Prospectiva, había viajado a varios países y había conocido a los máximos expertos de la materia (inclusive a un fundador francés de la Prospectiva en la década de los 50’s). Conocí y sembré amistad con los autores que Javier Cámara dejaba leer a sus estudiantes. Fui invitado a dar conferencias. Recuerdo que un viernes me llevé mis maletas a la oficina, para que al salir de la oficina, tomara un avión a Perú para dar una conferencia. El lunes siguiente a las 9 de la mañana, estaba al pie del cañón otra vez en la oficina. Javier sabía todo esto. Hay personas que afirman que generé envidia en el. No me consta pero es posible.

Naturalmente, solo duré un año trabajando con Javier. Renuncié al trabajo y fue un golpe durísimo para el. Se sintió altamente traicionado. “Mi plan es que me ayudes a sacar la maestría, te quedes en mi lugar, y yo pueda regresar a la UNAM, jugar golf y ser un huevón, justo como tu”, me había confesado Javier unos meses antes de mi partida. El día que me fui no volteó a verme ni a los ojos y pidió a todos mis compañeros de trabajo que me bombardearan de preguntas para hacerme más difícil mi ida. Me exigió un acta entrega-recepción, aunque por ley yo no estaba obligado. Meses después de mi partida, el seguía hablando mal a mis espaldas diciendo que “dañé la institución”.

Por la inercia de amistad que llevábamos antes de mi salida, también fue mi sinodal en la tesis. Desde que trabajamos juntos, un día me sentenció: “Ni creas que voy a ir a tu examen profesional”. Efectivamente no fue. Hace un par de meses surgió la oportunidad de regresar a trabajar donde yo había renunciado, pues el ya se iría y la gente de ahí me tenía en muy buena estima y yo realmente necesitaba el trabajo. Fui a entrevistarme con la jefa que quedó en su lugar. El ambiente era favorable para mi regreso. Pero ya no me hablaron. Después, varios amigos me revelaron: Javier Cámara, antes de despedirse, pidió atentamente al nuevo director que no me contrataran.

Por segunda vez en mi vida, volví a olvidar la constitución del maestro.

martes, mayo 28, 2013

Sensacional de maestros. Séptima parte.

Vaca sagrada K. Universidad.

En mis 23 años de achatamiento de nalgas en aulas de clase, jamás, ningún profesor intentó correrme de su clase hasta exactamente la última materia que cursé en el año número 23 de educación que tuve. Era la clase denominada “Taller de titulación”. Vaca sagrada K, hizo un organigrama en el pizarrón, con los 3 poderes: Legislativo, Judicial y Ejecutivo, y junto a el, como un cuarto poder puso al IFE. Le dije que el IFE no podía estar representado gráficamente al mismo nivel de los otros 3 poderes, pues era un órgano autónomo. Me dijo que no tenía derecho para criticarlo. Le dije que no lo criticaba a el, sólo a su modelo. Dijo que como era su modelo, era una critica a el. Le dije que su modelo no era una extensión de su persona y me dijo: “Sálgase de mi clase, claro que mi modelo es una extensión de mi persona, es como si fuera mi brazo”. Se armó un desmadre en el salón, hasta una chava me atacó y me pidió proponer un modelo propio, alabó al maestro por sus modelos, etc. A Vaca sagrada K. le dije que no estaba en ninguna ley universitaria el derecho de poderme correr del salón. Continuó la clase, y al final de la misma, se me acercó, me extendió la mano y me dijo: “Discúlpeme usted, me ofusqué”.

Después de tal episodio, Vaca sagrada K. y yo tuvimos una excelente relación. En todo momento me motivó a terminar mi tesis y a titularme. Sus críticas a mis avances eran realmente buenas. Salvo mi madre, jamás encontré a alguien que cuestionara mis tiempos verbales, sintaxis y mi ortografía como el. Llegado el momento, sugerí que Vaca sagrada K. fuera uno de mis sinodales de tesis. Le entregué mi tesis, me pidió que le hablara por teléfono para acordar la firma de mis papeles. Cuando le marqué me dijo que mi trabajo era un “mazacote”, que no parecía haber sido su alumno, que yo no era un alumno del tec.de Monterrey y que jamás trabajaría en una empresa de prospectiva y que además de todo, mi trabajo era un plagio. Le dije que precisamente tenía una consultoría de Prospectiva y que estudié en el Tec. de Monterrey, le dije que me ofendía al difamarme de plagio, pues aquel trabajo era producto de mi trabajo profesional (inclusive la investigación tenía fotos mías en acción) y le pedí que me demostrara el plagio. Me dijo que lo demostraría por escrito ante las autoridades de la UNAM y le dije que si hacía eso yo lo demandaría por difamación y calumnia. Obviamente me colgó el teléfono. Por sus difamaciones perdí un año de trámites.

Nuevamente me pidió disculpas, me invitó a su casa y me hizo correcciones menores a la tesis. Me di cuenta como vivía y como lo trataban en su casa. Quise comprender por esas causas su actitud injustificable hacia mi.

El día del examen profesional me hizo trizas. Me exhibió ante mi madre y mis mejores amigos preguntándome sobre libros de Aristóteles que evidentemente no había leído, pues mi tesis no se trataba de ello, o de teorías administrativas de 1950, de las cuales obviamente no estaba familiarizado. Me queda claro que fue venganza, lo que no me queda claro si fue por el episodio del organigrama del IFE o por mi amenaza de demanda.

Pero en realidad, todo se originó porque olvidé inexplicablemente la constitución del maestro, que a saber, en sus únicos dos artículos dice:

1. El maestro SIEMPRE tiene la razón.
2. En caso de que el alumno tenga la razón, recurrir inmediatamente al artículo número uno.
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