Por Diego Ruvalcaba*
Antes de cualquier cosa y para curarme en salud, confieso no tener una perspectiva histórica amplia sobre el documental mexicano, así que se me dificulta enormemente realizar una analogía de “De panzazo” con cualquier otra cosa. Mi primer acercamiento hacia este género fue hace ya varios años con la hermosísima "Del olvido al no me acuerdo”, documento fílmico que pretendió realizar Juan Carlos Rulfo sobre su padre y que en realidad acabó siendo un descubrimiento sobre el lugar que el gran literato mexicano habitó y que resultó tan mágico como Comala y los que ahora son sus habitantes (en el umbral de la vida y de la muerte). Después, también con Rulfo, pude conmoverme con, a mi parecer, una de las 10 mejores producciones cinematográficas en la historia de México: “En el hoyo". Y bueno, ¿quien no ha visto “Presunto culpable”?
El nuevo documental de Rulfo, narrado y escrito por el periodista Carlos Loret de Mola, “De panzazo”, expone una imagen completa y veraz sobre el panorama actual de la educación mexicana. Sobre la cinematografía de Rulfo, no hay nada que opinar. Simplemente es impecable, y sin duda, los tiempos de fama y aprecio mundial por Juan Carlos Rulfo, estarán por venir. México da cineastas al mundo, y Rulfo es uno de los cineastas jóvenes que algún día acapararán todos los reflectores del planeta.
El problema con el documental, es que pertenece al género de los que descubre el hilo negro y el agua tibia, pues efectivamente, cualquier mexicano de mi generación (y menor) identificarán inmediatamente en la pantalla, todos los problemas ahí expuestos. Me parece también que existe un marcado contraste entre la idea periodística de Loret con el arte de Rulfo, por ejemplo, en la secuencia, donde Carlos Loret se planta en la SEP para preguntar cuántos maestros hay en México, es, además de previsible, larga; todo un cliché que Michael Moore ha explotado hasta la saciedad (El hombre solitario contra el poder de las instituciones, que por lo regular es contenido por un policía en la recepción). Y las grafiquitas que se presentan en todo el documental, recuerdan mucho el estilo de la “verdad no conveniente” del exvicepresidente de los Estados Unidos y nobel de la paz (como si ambas cosas al mismo tiempo fueran posibles), Al Gore.
Un mensaje final digno de cualquier spot de valores de Televisa, sin proponer medidas estructurales -aunque era evidente que el documental no quería ir "más allá"-: “Amiguito, no dejes de ir a la escuela; papás escuchen 10 minutos diarios a sus hijos, para cambiar al mundo hay que cambiar a uno mismo, etc.”, todo enmarcado por una canción horrible de Fernando Rivera Calderón a dueto con Carla Morrison (y que conste que me gusta mucho la Morrison) y otro mensaje final aún más confuso sobre una boleta roja y otra verde que nunca entendí, y que más bien pareció ser el producto de una "iniciativa social" más de Televisa (Bécalos, Redondeo, Gol con causa, Iniciativa México, América homenajea a Chespirito …). Reconozco que a veces, es bien difícil quitarse los prejuicios. Cuando vi el nombre de Carlos Loret en el cartel de “Miss Bala”, me condicionó negativamente y esa película me pareció una verdadera basura. Si Loret no confía en Elba Esther, yo no confío en ninguno de los dos. Un acierto fue entrevistar a Denisse Dresser para el documental, aunque, ni se le aprovechó del todo, ni tampoco fueron consultados otros expertos en educación de este país (hubiera sido muy interesante registrar las opiniones de Ricardo Raphael, por ejemplo).
Maestros faltistas, educación pública y privada de baja calidad, instalaciones en ruina, corrupción, cacicazgos perpetuos, malos manejos, malos maestros, bullying y un largo etcétera que se proyectan –y repito- a cualquiera que se haya parado en un aula mexicana, no debería sorprender. Tal vez el documental pueda escandalizar a un estudiante finlandés, o a la mismísima clase política mexicana, quienes, no me sorprendería, que pudieran encontrar revelaciones importantes en el documental. A mi no me escandalizó, pero si me deprimió. Sin embargo, y después de todo, siempre será encomiable que de cualquier forma, y viniendo de quien sea, así sea de un periodista “del sistema”, se retrate con crudeza y veracidad los problemas de este país. Eso en si mismo ya es avance.
De panzazo.
El nuevo documental de Rulfo, narrado y escrito por el periodista Carlos Loret de Mola, “De panzazo”, expone una imagen completa y veraz sobre el panorama actual de la educación mexicana. Sobre la cinematografía de Rulfo, no hay nada que opinar. Simplemente es impecable, y sin duda, los tiempos de fama y aprecio mundial por Juan Carlos Rulfo, estarán por venir. México da cineastas al mundo, y Rulfo es uno de los cineastas jóvenes que algún día acapararán todos los reflectores del planeta.
El problema con el documental, es que pertenece al género de los que descubre el hilo negro y el agua tibia, pues efectivamente, cualquier mexicano de mi generación (y menor) identificarán inmediatamente en la pantalla, todos los problemas ahí expuestos. Me parece también que existe un marcado contraste entre la idea periodística de Loret con el arte de Rulfo, por ejemplo, en la secuencia, donde Carlos Loret se planta en la SEP para preguntar cuántos maestros hay en México, es, además de previsible, larga; todo un cliché que Michael Moore ha explotado hasta la saciedad (El hombre solitario contra el poder de las instituciones, que por lo regular es contenido por un policía en la recepción). Y las grafiquitas que se presentan en todo el documental, recuerdan mucho el estilo de la “verdad no conveniente” del exvicepresidente de los Estados Unidos y nobel de la paz (como si ambas cosas al mismo tiempo fueran posibles), Al Gore.Un mensaje final digno de cualquier spot de valores de Televisa, sin proponer medidas estructurales -aunque era evidente que el documental no quería ir "más allá"-: “Amiguito, no dejes de ir a la escuela; papás escuchen 10 minutos diarios a sus hijos, para cambiar al mundo hay que cambiar a uno mismo, etc.”, todo enmarcado por una canción horrible de Fernando Rivera Calderón a dueto con Carla Morrison (y que conste que me gusta mucho la Morrison) y otro mensaje final aún más confuso sobre una boleta roja y otra verde que nunca entendí, y que más bien pareció ser el producto de una "iniciativa social" más de Televisa (Bécalos, Redondeo, Gol con causa, Iniciativa México, América homenajea a Chespirito …). Reconozco que a veces, es bien difícil quitarse los prejuicios. Cuando vi el nombre de Carlos Loret en el cartel de “Miss Bala”, me condicionó negativamente y esa película me pareció una verdadera basura. Si Loret no confía en Elba Esther, yo no confío en ninguno de los dos. Un acierto fue entrevistar a Denisse Dresser para el documental, aunque, ni se le aprovechó del todo, ni tampoco fueron consultados otros expertos en educación de este país (hubiera sido muy interesante registrar las opiniones de Ricardo Raphael, por ejemplo).
Maestros faltistas, educación pública y privada de baja calidad, instalaciones en ruina, corrupción, cacicazgos perpetuos, malos manejos, malos maestros, bullying y un largo etcétera que se proyectan –y repito- a cualquiera que se haya parado en un aula mexicana, no debería sorprender. Tal vez el documental pueda escandalizar a un estudiante finlandés, o a la mismísima clase política mexicana, quienes, no me sorprendería, que pudieran encontrar revelaciones importantes en el documental. A mi no me escandalizó, pero si me deprimió. Sin embargo, y después de todo, siempre será encomiable que de cualquier forma, y viniendo de quien sea, así sea de un periodista “del sistema”, se retrate con crudeza y veracidad los problemas de este país. Eso en si mismo ya es avance.
Duración: 1 hora con 17 minutos
Director: Juan Carlos Rulfo. México, 2012
No ha ganado premios.
*A Diego Ruvalcaba tan sólo le gusta el cine.

















