jueves, agosto 04, 2011

The nutella incident.

Florencia.
El dueño del hostal, -Yuri-, me recibe en las escaleras con un apretón de manos. Acostumbrado a las groserías italianas, me saco de onda y el se da cuenta, pero aún así me trata muy bien y me enseña todo el hostal. Me dice que el desayuno se sirve de 8 a 10. Perfecto.

Al día siguiente voy a la cocina, donde se sirve el desayuno. No veo nada (en Alemania, era un fabuloso buffet, con unos frijoles como con catsup deliciosérrimos, chingo de jamones diferentes, quesos, yoghurts, tés de sabores inimaginables, frutas, jugos, etc, etc, etc, aparte, podía hacerme mi itacate). Pero no, aquí no veo nada, y pregunto a una mujer muy amable, qué dónde estaba el desayuno. Sarcásticamente me señala una mesita y me dice “ese es el desayuno”. Se refería a un bote de leche en polvo, pan y una lata de Nutella. Me hice un sándwich de Nutella.

Estocolmo.
Llego a la 1 de la mañana al hostal, y la chava de recepción me da todas las instrucciones, y me pregunta si traigo mis propias sábanas, le digo que no, y de mala gana saca unas y me dice que las tengo que devolver a recepción cuando me vaya, lo cual, por cierto, siempre que me pasó, se me hizo bastante pitero para ser el primer mundo.

Juro también que entendí que me dijo: de 8 a 10 se sirve el desayuno, perfecto. Subo a mi habitación y despierto a 9 de las 10 personas que estaban dormidas, excepto a un güey que dormía como oso en hibernación, y roncaba como vocho descompuesto. No me dejó dormir en toda la noche, y se despertó hasta las 9 de la mañana. Fue una de las 3 noches que no pegué el ojo durante mi viaje.

El día siguiente bajo a la cocina con un hambre de los mil demonios y veo a un chingo de chavos desayunar alegremente. Sin embargo, tampoco veo el desayuno, y sólo veo sobre la mesa, un bote de leche en polvo, pan y una lata de Nutella. Me digo a mi mismo: -mi mismo, esto es igual que Florencia-, y agarro 2 panes y la lata de Nutella. La lata de Nutella, estaba nueva, así que con mucho descuido y poca pericia, rompo la etiqueta que está debajo de la tapa, hago un verdadero cochinero, pero por fin puedo hacerme un sándwich de Nutella. Le doy tan sólo una mordida, y una güerita se me acerca y me dice: “Disculpa, ¿esto es tuyo?, creo que pensaste que esto era para todos, pero es mío”. Acto seguido me da mucha vergüenza y la chava abraza literalmente su pan y su Nutella y se va de la cocina, a punto del llanto. Seguramente jamás pensó que un latinoamericano hambriento, tomaría algo que no es suyo. En Dinamarca mi hostal no tenía ni una sola llave, ni ningún tipo de seguridad, así que teóricamente cualquier persona de la calle, podía entrar y acostarse en mi cama; pero es que en esos países, el concepto de robo o agandalle, prácticamente no existe.

La sigo para ofrecerle dinero por mi “robo” pero se me pierde en el primer piso, y realmente no la logro distinguir; todas las chavas güeritas eran igualitas, como si fueran japonesas. Me imagino que la policía sueca videograbó mi hurto de pan y Nutella y huyo despavorido hacia mi cuarto para acabarme el sándwich. Me da un ataque de risa mientras me acabo el sándwich.

En la noche, cuando me voy a dormir, veo una gran mancha en las sábanas. De alguna forma, los restos de Nutella, las huellas del crimen llegaron hasta ahí, manchando impresionantemente las sábanas prestadas del hostal. Lo bueno es que saldré a las 5 de la mañana y no habrá nadie en recepción que pueda ver la cara del doble criminal con Nutella.

2 comentarios:

Fabiola dijo...

No tengo modo de agradecerte las risas provocadas con tu relato :D

Ruvalcaba dijo...

¡Muchas gracias!, al leerme ya me agradeciste. :) Saludos!

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