Una cosa lleva a la otra. Claro está si te dejas llevar.
Hace 15 años escuchaba con sumo placer a Timbiriche. Hoy cierro los ojos, y
siento el mismo o mayor placer con la primera sinfonía de Mahler (la música más
bella y compleja que escucho), o con Los Dorados (la música no clásica más
compleja que escucho hoy en día).
Recuerdo que de niño grababa en mis casettes vírgenes las
canciones que me gustaban de stereo 97.7. Tenía grabadas canciones de Alex
Syntek, Maná, Christian Castro y Mijares. Hoy en mi Ipod conviven Radiohead,
Rodrigo y Gabriela, Brahms ó Botellita de Jérez. ¿Cómo pudo haber sido posible tal
transformación? Hace un tiempo empecé a reflexionar sobre ello con una chava
que conocí en el Twitter, y quien vivía en Italia. Después escuché a un
compositor de música clásica hablar de ello y confirmé sus teorías con una
lectura de un libro sobre historia del arte.
¿Cómo pasé de Cepillín a Gustav Mahler?
En mis fiestas infantiles siempre iba a amenizar Cepillín
pirata (hasta mi adolescencia me enteré que no era el original). Cuando iba en
la primaria un alumno "rebelde" llevó a los Hombres G y mis primos mayores
escuchaban a Timbiriche. En la secundaria se puso de moda Technotronic. Un güey
de la prepa, me prestó el disco rojo y el azul de Los Beatles y ahí mi vida
musical se transformó por primera vez. Los Beatles post 1966 me llevarían a
prácticamente cualquier género musical: El Reggae, el jazz, el vodevil, las grandes bandas, el country, el
blues, el heavy metal, la música instrumental, la música hindú, etc. Sin
escuchar a fondo a los Beatles, estoy segurísimo que aún me gustarían Lucero y
Alex Syntek, y pensaría que Espinoza Paz es talentoso y muy simpático.
El primer CD que me compré con mi trabajo fue el de Pearl
Jam. Al primer concierto al que fui sólo fue uno de Molotov, a quienes también fui
a ver al Cervantino. En ese mismo Cervantino, mi vida cambió de nueva cuenta,
al escuchar en una hermosa noche estrellada a la sinfónica de Guanajuato con
Ramón Vargas interpretar a Beethoven. Ese día me enamoré de la música clásica.
Después me interesó mucho seguir al maestro Enrique Diemecke y de ahí conocí a
Gustavo Dudamel. Me volví su fan. Volé hasta Phoenix sólo para tener el placer
de escucharlo en vivo. Y ahí interpretaron la que me parece hasta el día de
hoy, la música más bella jamás creada por cualquier hombre: La primera sinfonía
de Gustav Mahler.
Parece ser que todo va en función a la educación, la
lectura, la paciencia y apertura ante lo nuevo, y la saturación. Y eso es
válido para cualquier manifestación artística. Por lo menos me ha pasado
también en cine, arquitectura y pintura.
Desde hace 15 años, sin falta, religiosamente, cada mañana, leo
el periódico. Específicamente un periódico tan crítico como izquierdoso, como lo es "La Jornada", quien me hizo conocer a Rockdrigo González, Jaime López, Las Ultrasónicas, Gustavo Dudamel, Stereo Total ó
Laurie Anderson, por poner algunos ejemplos. Y gracias al Internet, cuando leo
algo interesante sobre cualquier cosa, puedo investigar, leer, escuchar,
asistir. Pero la gracia es hacerlo. No quedarme con lo que leo. Tratar de ir un
poco más allá. Es evidente que por muy buena que pueda ser la reseña, leyendo las
páginas de "La Jornada" no se puede entender la diferencia entre Dudamel y
Berstein.
Jorge Torres, el laureado compositor mexicano de música
clásica contemporánea al que me refería, dice que la música popular está
escrita en ciertas tonalidades a las que estamos acostumbrados. Pero otro tipo
de música como el Jazz y la música “clásica” se salen de esos patrones básicos,
de esos acordes mínimos; se trata de música estructuralmente más compleja, y que
requiere un nivel mayor de atención, paciencia y tolerancia. La música que
tocan en Mix Fm, es “easy listening”, cualquiera la puede escuchar, porque dura
4 minutos, es fácil, sencilla de digerir y puede ser escuchada lo mismo estás
cagando, que lavando trastes o mientras estás en el caótico tráfico de la
Ciudad de México. Pero para escuchar a Shostakovich se requiere
(afortunadamente) una pausa del bullicio y caos actual, y una fuerte dosis de
tolerancia y concentración. Es un reto que no todos están dispuestos a
enfrentar. Es un encuentro con uno mismo, con su tolerancia, con sus miedos,
con sus habilidades, aptitudes y actitudes. Es un encuentro que muy pocos están
dispuestos a hacer.
Y para pasar de Camila a Pink Floyd, se necesita saturación
porque para poder distinguir entre lo que es de calidad y lo que no es, se
necesita -sino haber escuchado todo (eso es imposible)-, si escuchar lo más que
se pueda. De esa manera, creo conocer razonablemente bien a Arjona, a Daddy
Yankee, a Belinda, a Camila, a los Black Eyed Peas, a Bob Dylan, a Public
Enemy, a Nancy Sinatra, a Starsailor y a MIA. Y fácilmente, y sólo de esa
manera, creo que puedo distinguir la música de calidad de la que no lo es.
El otro al escuchar esta afirmación mía, una foribunda
escucha del punchis punchis de Alfa me decía: ¡Eso es subjetivo, el valor de la
música se lo da cada persona! ¿Quién decide que es buena música y que es mala
música?, me decía encabronada, después de atreverme a decirle que la música que
escuchaba de Alfa radio era una porquería. Ya no quise insistirle sobre los
conceptos de Calidad, Canon, Estructura, Arte, Conservatorio, Número áureo,
Estética, Acordes, Sinfonías, Armonía, Matemáticas, Composición, Tonalidades y
un larguísimo etcétera. Supe en el momento, que no lo entendería y que de
entrada yo ya había perdido el debate con alguien que sólo terminó la
secundaria y que lleva los 12 años que llevo de conocerla escuchando
exactamente la misma música.
La música buena y la mala, siempre existirán. Pero quien
puede cambiar es uno mismo. A través de sus vivencias, de su experiencia, de su
contacto con el mundo, del desarrollo de su sensibilidad, de su apertura a lo
nuevo (aunque lo “nuevo” para uno sea algo creado en 1989 ó en 1880).
Lo que me parece grave son las personas que se estancan. Que
eliminan por default la posibilidad de crecer a su interior, de cultivar su
mente y espíritu. A las personas les gusta la música que pueden entender. De
esa forma, los reggaetoneros, solamente entienden y disfrutan el Reggaeton, por
que retrata su forma de vida unidimensional. Y no pueden aspirar a disfrutar
música un poco menos básica, porque ellos mismos son básicos, en su mente y en
su espíritu. Aunque pudieran dar para más, no quieren, así están bien, así son
felices. Se autofijan límites, y crecerán y vivirán limitados. Se llama
mediocridad. Puede que no quieran, o puede que no sepan como hacerlo. El punto
es que no lo hacen, ni lo harán.
Me impresionó muchísimo la vida cultural de Viena y Praga. Se respira en el ambiente la buena música. En Praga hay músicos callejeros de una calidad inigualable y en la ciudad hay cerca de 20 conciertos de música clásica diarios. Pero la buena música tampoco tiene que ver con el género. Ellos entienden muy bien que la buena música no tiene etiquetas. Simplemente es buena música y ya.
En la plaza principal de Viena, había un ciclo de conciertos en video. La gente primero se echaba sus chelas (parados, platicando cordialmente), degustaba comida de todas partes del mundo (tacos mexicanos de 8 euros cada uno) y después se arremolinaba a escuchar buena música por la tarde-noche. Lo mismo disfrutaron a Puccini, que a Mahler, que a Jamiroquai, que a Ray Charles, que a Diana Krall, que a Verdi.
Escuchar y disfrutar de la buena música en un espacio público, mientras se convive con el otro, es el tope de la civilización.
.
Me impresionó muchísimo la vida cultural de Viena y Praga. Se respira en el ambiente la buena música. En Praga hay músicos callejeros de una calidad inigualable y en la ciudad hay cerca de 20 conciertos de música clásica diarios. Pero la buena música tampoco tiene que ver con el género. Ellos entienden muy bien que la buena música no tiene etiquetas. Simplemente es buena música y ya.
En la plaza principal de Viena, había un ciclo de conciertos en video. La gente primero se echaba sus chelas (parados, platicando cordialmente), degustaba comida de todas partes del mundo (tacos mexicanos de 8 euros cada uno) y después se arremolinaba a escuchar buena música por la tarde-noche. Lo mismo disfrutaron a Puccini, que a Mahler, que a Jamiroquai, que a Ray Charles, que a Diana Krall, que a Verdi.
Escuchar y disfrutar de la buena música en un espacio público, mientras se convive con el otro, es el tope de la civilización.
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1 comentarios:
Hola Diego,
Me da gusto leerte y que tu texto sea una invitación a reflexionar acerca no sólo de la música, sino de la disposiciòn que cada uno de nosotros tenemos para enfrentarnos a nosotros mismos y roper con las estructuras aprendidas y reproducidas. Me da gusto saber que todavía tengo esperanzas. Por cierto, necesito ya mismo que me des tu curso de Prospectiva, por favor, llevo años rogándote... ya sé que sacaste convocatoria pero diseña un curso justo a mi medida y necesidades :P
Te mando besos.
Ñ.
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