miércoles, enero 25, 2012

“Cuatro estaciones”


Por Diego Ruvalcaba*

Dentro y fuera del cine, los italianos, son los terrícolas con más frescura y naturalidad. “Cuatro estaciones” es tan sólo un botón de muestra de tal condición; no tiene música ni diálogos, pero tampoco es un documental (aunque le guiña al documental norteamericano “Sweetgrass”), y como “actores” tiene a algunos habitantes de dos pequeños y pobres, pero pintorescos pueblos de las colinas sureñas italianas. Tal parece ser, que en esas tierras, hasta los perros y las cabras, tienen una personalidad y carisma magnéticos.

Cualquier apasionado por la fotografía (no sólo la cinematográfica, sino también la “fija”, y hasta la digital), encontrará en “Cuatro estaciones”, un amplio catálogo de técnicas, tomas, encuadres; virtualmente, en cada escena, el director Michelangelo (obvio) Frammartino, da una cátedra sobre las infinitas posibilidades de ver el mundo a través de un cristal.

Pero al mismo tiempo que son inconfundiblemente geniales, los italianos son universales. “Cuatro estaciones” pudiera haberse filmado en Michoacán o en Wisconsin. Vivaldi pudo haber nacido en Barquisimeto o en Jaipur. Y en el pino inmenso que aparece en la película, bien pudieron haberse trepado, sin problemas, los voladores de Papantla.

Le quattro volte (en español: Cuatro estaciones).
Duración: 1 hora con 28 minutos
Director: Michelangelo Frammartino. Italia, 2010.
Ganadora en los festivales de Cannes, Bratislava y San Diego.
Calificación:  

*A Diego Ruvalcaba tan sólo le gusta el cine.

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